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Publicado el viernes 25 de enero de 2013
Edición No. 1192
Entre nos
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Mundial de Fútbol 2014
Adrenalina compartida
Darma L. Zambrana
Fotos: Jihan Rodríguez

Tres mujeres, parte vital del seleccionado nacional de fútbol, hablan de sus emociones, sus esperanzas, sus miedos y de sus cábalas para el encuentro mundialista, cuyas eliminatorias empiezan el próximo 6 de febrero.

 

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Bajo el inclemente sol tropical y la atenta mirada de Julio Dely Valdés, la Selección de Fútbol de Panamá se prepara para enfrentarse a Costa Rica en el primer partido clasificatorio del año para el Mundial Brasil 2014. La adrenalina circula por el torrente sanguíneo de los jugadores ante la importancia de este encuentro. Lejos de la cancha, la adrenalina también la siente un grupo de mujeres que sigue atento los preparativos de la selección. Son las madres de los futbolistas, que viven y sufren el día a día de sus hijos y su responsabilidad ante la fanaticada que aguarda un buen desempeño de su equipo.

 

‘No me los pierdo’

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María Ramírez no se pierde ningún encuentro donde su hijo participe.

María Ramírez se encuentra en México como un regalo de Navidad. Llegó a la ciudad donde su hijo, Luis Felipe Pipe Baloy,  juega como defensa y es capitán en el Santos Laguna, equipo mexicano de primera división. A fines de enero regresa a Panamá para asistir al primero de los encuentros que tendrá la selección panameña en el estadio Rommel Fernández frente a Costa Rica.

“No me los pierdo”, dice María respecto a los partidos que juega su hijo  ya sea la selección panameña o con el Santos Laguna. Lo único que le impide asistir a un encuentro en el que participa su hijo sería la aparición de alguna enfermedad, según la primera fanática del capitán de nuestra “sele”.

Cuando los juegos son en Panamá, María  junto con su familia y  amigos van al estadio para ver jugar   al quinto de sus siete hijos, y cuando los encuentros son fuera de la capital se instala frente al televisor de su casa o la de su hijo, cuando su nuera Eliana no está en México.

“Me da una emoción muy grande y también nervios, se me sube la presión cuando veo una jugada que no es muy buena y tengo que tomarme la medicina antes del partido”, relata entre suspiros María, que sufre de presión alta y se medica regularmente. Como respuesta a los comentarios negativos, que nunca faltan, sobre las intervenciones de su hijo durante un encuentro “solo los miro feo” asegura, mientras que se deja ganar por la emoción cuando hablan positivamente.

Sin más cábala que pensar que todo va a salir bien, ella y su familia tienen como norma vestir la camiseta de la selección  cada vez que ven un partido jugado por Panamá, y el del Santos Laguna cuando este es el que enfrenta a otro equipo, ya sea por televisión o en el terreno de juego. Por eso el próximo 6 de febrero “casi toda la familia, incluidos sus 12 nietos y todos los hermanos”, vestidos de Marea Roja, estarán en el Rommel Fernández para apoyar a Pipe Baloy y al onceno panameño frente a Costa Rica.

 

‘Les pido que ayuden a su nieto’

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Con idéntica emoción que María, y porque le gusta verlo jugar, Rita Beatriz Hansell, la madre de Luis Matador Tejada, acude al estadio Rommel Fernández cada vez que la selección nacional juega en Panamá. “Me siento emocionada cuando la selección llega a la cancha porque todos somos panameños y somos un solo equipo”, dice sin dejar de sonreír al hablar de su hijo, que actualmente juega como delantero en el Deportivo Toluca en México. En la terraza de su casa, donde tiene un afiche enorme de Luis de cuando jugaba en Chiclayo, Perú, Rita, que ha pedido vacaciones para poder hablar con Ellas, acaricia una a una  las camisetas del deportista: la del equipo peruano, la blanca de la selección nacional, y la última de color azul.

Antes, siempre que Luis jugaba afuera, acompañada del resto de sus hijos, su nuera, sus hermanos y hermanas, y los amigos, todos veían el partido por televisión en su casa en Brisas del Golf. Pero la última vez y ante el cada vez mayor número de fanáticos que se une a la familia para seguir los encuentros, han optado por seguirlo en un centro de entretenimiento ubicado en Juan Díaz. Todos vestidos con la camiseta roja  o con la del equipo en el que juegue su ídolo, con banderas y pancartas corean las barras, abuchean al contrario y “reman” para que su equipo haga los goles.

Pero además Rita, que es muy creyente, cada mañana al levantarse se acerca a la ventana y mirando al cielo se encomienda a Dios y le pide que todo salga bien, rezando fervorosamente un Padrenuestro y el Salmo 23 del Antiguo Testamento. “Y les pido a mi papá y a mi mamá que ayuden a su nieto para que haga los goles”, cuenta esta madre orgullosa porque la gente la detiene en la calle para preguntarle si es la mamá de Tejada. Recuerda la vez que el conductor de un taxi en el que iba a su casa no paraba de hablar de la selección y de su admiración por el Matador Tejada, y cuando al finalizar la carrera le preguntó si era la mamá del futbolista, ella le contestó un poco en broma y un poco en serio “Sí, y estaba esperando que dijera algo malo para golpearlo”, pero admite feliz que son más los comentarios positivos que negativos los que escucha.

“Yo vivo esto, es lo mío”, comenta Rita, y asegura que su hijo lleva el fútbol en la sangre porque desde pequeño se entusiasmó por este deporte al ver a sus dos tíos maternos practicarlo. “Mi hermano Roberto Hansell jugó en la selección panameña y él lo impulsó a ingresar al Tauro, donde Luis empezó”, recuerda. 

Al desearle éxitos a todos y cada  uno de los miembros de la selección panameña en su próximo enfrentamiento, esta madre expresa con entusiasmo:  “vengan con ganas porque tenemos equipo para rato, y el profe [Julio Dely Valdés] lo está haciendo muy bien”. 

 

‘Quisiera verlo  yo sola’

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Dilsa Ledy goza, se emociona y grita en cada juego.

Los nervios la traicionan cuando se trata de un juego muy intenso o que puede marcar el inicio de un período importante de encuentros, como el del próximo 6 de febrero. Entonces, Dilsa Ledy Cano de Penedo, la mamá de Jaime Penedo,  portero de la selección panameña de fútbol y también del Municipal de Guatemala, quisiera verlo a solas. “Encerrada en mi recámara”, dice esta fanática.

Rodeada de trofeos, medallas, tacos, camisetas, afiches y una fotografía tamaño natural de Jaime vestido de la selección en la habitación que este ocupa cuando está en Panamá, en su casa de Chanis, Dilsa habla de su hijo con un intenso brillo en los ojos y una sonrisa perenne.

Cuenta que se involucra completamente cuando él juega.

“Me visto de rojo, con la camiseta de la selección, si juega localmente lo veo en el estadio y si es afuera por televisión, con toda la familia”, comenta, y agrega que antes de sentarse como espectadora o de salir de la casa vestida de rojo encomienda a su hijo a Dios, pidiéndole que lo ilumine, lo guarde y le abra el camino a seguir con la sabiduría necesaria. Pero ella no es la única que ora por Jaime; su madre Adelina, abuela del portero, también pide por el nieto.

Después de ese ritual, Dilsa está lista para brincar, gritar y animar al equipo cuando está ganando, pero también para sufrir cuando  pierde.

Como otra aficionada más, critica, opina y hasta emite sus propios pronósticos antes de los encuentros. “Cuando jugaron con Honduras yo dije que iba a ser 0 a 0 y así fue; igual con Cuba predije un 1 a 0 y también terminó así”, dice Dilsa con un orgullo indisimulado por su acierto y por el papel de su hijo en la selección, pero sin querer aún hablar del resultado del juego del 6.

Siempre optimista y con plena fe en que van a lograrlo, Dilsa dice que la derrota también hay que aceptarla.

“Yo lo gozo, el que se mortifica es mi esposo, Manuel, que dice que grito mucho...es que me emociono”, trata de justificarse  por vivir tan intensamente un sentimiento que no necesita justificación: el orgullo maternal. 

Junto a estas tres madres, cuyas emociones resumen las de todos los panameños, el país entero estará pendiente durante los 90 minutos de juego, de la danza que en la cancha ejecute nuestro onceno. 

 

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