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Publicado el viernes 25 de enero de 2013
Edición No. 1192
Finanzas
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Los gastos emocionales
José S. Canto

 

Comprar algo que no necesitamos cuando estamos estresados, aburridos o cuando queremos un impulso de autoestima, es clasificado como gasto emocional. Estos gastos por impulso son peligrosos puesto que los hacemos sin pensar, dando “tarjetazos”, creyendo que de algún bolsillo saldrá dinero para pagarlos o ni recordamos que los debemos cancelar.

La famosa cuesta de enero aparecerá quizás en la primera quincena, en que miles tomarán conciencia del consumo eufórico compulsivo de diciembre, que hace crisis en este y los próximos meses, cuando surgen las deudas  y comienzan a llegar los estados de cuenta y  se suman otros gastos “inevitables” y reales asociados a vacaciones de verano, escuela, carnaval, seguros, etc.

La publicidad incesante y muy eficaz que convierte la llegada del Niño Dios en un festival de gastos, y nuestra necesidad de sentir amor hacen que el gastador emocional sienta que “tener ataques de compras” en diciembre sea perfectamente normal. Sumemos a lo anterior los problemas laborales, las frustraciones acumuladas por 11 meses o más, las discusiones familiares y los conflictos de pareja, que pueden generar la ansiedad de buscar refugio en un centro comercial y gastar. Caminar y ver vitrinas puede resultar relajante; el problema viene cuando solo se encuentra bienestar a través de alguna compra de algo costoso que generalmente no necesitamos, pero que nos  hace sentir mejor al comprarlo.

El problema se vuelve más grave cuando se empieza a echar mano de créditos que no pueden pagarse en su totalidad, usando la tarjeta de crédito, por ejemplo.

De acuerdo con un artículo de la revista Journal of Marketing Research, los problemas de compulsión han generado que en Estados Unidos el usuario promedio tenga más de cinco tarjetas de crédito, cada una con un saldo promedio de más de 1,000 dólares. Eso sin mencionar hipotecas, préstamos para la compra de automóvil, préstamos estudiantiles y otras deudas.

En Panamá yo me atrevería a decir que no estamos  muy lejos o diferentes del estadounidense promedio.

Si bien los cambios emocionales no pueden preverse, gastar de más y actuar por impulso son conductas que pueden modificarse, y si ya incurriste en gastos emocionales, podrías evitarlos para el resto del año con estos consejos.

1. Deja tus tarjetas de crédito en tu casa u oficina, así no tendrás la tentación de dar ”tarjetazos”. Quizás debas devolver algunas o solicitar un préstamo por dos años máximo para “liberarte” de dichas deudas.

2. Ve al cine o a caminar en un lugar lejos de tentaciones de compras.

3. Usa tu efectivo si al final te vas de compras, así al menos no te habrás endeudado.

4. Contacta a un amigo. Es mucho mejor para desahogarte que la tarjeta de crédito.

5. Haz ejercicio. Te ayuda a tener tu mente enfocada en la rutina y oxigenas tu cerebro. 

Recuerda que los gastos emocionales pueden evitarse. Si sabes cuánto debes a las tarjetas de crédito, cuáles son tus gastos fijos y cuánto debes destinar a tu ahorro, al momento de hacer un gasto emocional lo más probable es que lo pienses dos veces, puesto que sabrás las repercusiones de dicho gasto en tus finanzas familiares y personales.

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